Los incendios del verano de 2025, con miles de hectáreas afectadas y evacuaciones en distintas regiones de España, volvían a activar una idea tan extendida como errónea: que la Agenda 2030 “impide gestionar” el territorio y que los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) serían responsables del aumento de los incendios forestales.
La realidad es exactamente la contraria.
Los ODS promueven activamente la gestión sostenible del territorio, la prevención del riesgo y la restauración de ecosistemas como pilares clave frente al cambio climático, la desertificación y la pérdida de biodiversidad. En España, más del 74% del territorio está en riesgo de desertificación, y la frecuencia de incendios extremos se ha incrementado de forma significativa en la última década como resultado del abandono rural, el aumento de temperaturas y la falta de gestión activa del paisaje. Frente a este escenario, la Agenda 2030 ofrece un marco orientado a la acción, basado en planificación a largo plazo, evidencia científica y medición del impacto real.

Sin embargo, uno de los principales retos en la aplicación de los ODS no está en sus objetivos, sino en cómo se integran en las políticas públicas y en la toma de decisiones. En muchos países, los ODS se han incorporado formalmente en planes estratégicos, pero siguen conviviendo con políticas sectoriales poco coherentes entre sí, donde medidas económicas, ambientales o territoriales avanzan en direcciones opuestas. Esta falta de coherencia dificulta especialmente el progreso en ámbitos como la producción y el consumo responsables, la protección de la biodiversidad o la calidad de la gobernanza.
A ello se suma una gobernanza y coordinación aún insuficientes. La Agenda 2030 exige marcos que articulen a todos los niveles de la administración y a todos los sectores, pero en la práctica sigue estando confinada, en muchos casos, a áreas concretas o a departamentos específicos, sin una narrativa transversal que facilite su integración real y su comprensión social. Cuando los ODS no impregnan el conjunto de las políticas públicas, su capacidad transformadora se diluye.
Otro factor crítico es la limitación de financiación y capacidades técnicas. La falta de presupuestos alineados con los ODS, de datos fiables y de recursos humanos especializados dificulta convertir metas globales en acciones concretas, medibles y sostenibles a escala nacional y local. Sin sistemas de medición robustos y sin herramientas que permitan evaluar resultados, el riesgo es que los ODS queden en el plano declarativo.
Por todo ello, los ODS deben entenderse como un marco estratégico y medible, especialmente relevante para empresas y organizaciones sujetas a reporting ESG y CSRD. Comprender qué son los ODS ya no es suficiente: el verdadero desafío está en integrarlos de forma coherente, medir su impacto con datos verificables y utilizarlos como guía para la toma de decisiones. Solo así los ODS dejan de ser un relato aspiracional y se convierten en una herramienta eficaz para prevenir riesgos, restaurar ecosistemas y generar impacto ambiental y social.

Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible
Los ODS, aprobados por Naciones Unidas en 2015 dentro de la Agenda 2030, se estructuran en 17 objetivos interconectados que abordan retos sociales, ambientales y económicos.
Fin de la pobreza (ODS 1)
Busca erradicar la pobreza extrema y reducir la vulnerabilidad social. En el ámbito empresarial, se vincula a la generación de empleo digno, el desarrollo rural y la inclusión económica en territorios vulnerables.
Un 9% de la población mundial vive aún con menos de 2,15 dólares al día, lo que revela el reto pendiente pese a los avances desde 1990.
Hambre cero (ODS 2)
Promueve sistemas alimentarios sostenibles, resiliencia agrícola y restauración de suelos degradados, clave para la seguridad alimentaria y la adaptación al cambio climático.
Alrededor de 735 millones de personas sufren hambre en el mundo, y el cambio climático está revirtiendo parte de los progresos logrados en décadas anteriores.
Salud y bienestar (ODS 3)
Relaciona salud humana y salud ambiental, incluyendo la reducción de contaminación, el acceso a entornos naturales y la mitigación de riesgos climáticos.
La contaminación del aire causa cada año millones de muertes prematuras, lo que convierte la mejora de la calidad del aire en una prioridad de salud pública.
Educación de calidad (ODS 4)
Incluye formación técnica, capacitación verde y transferencia de conocimiento para la transición ecológica y digital.
Se estima que más de la mitad de los niños y niñas de 10 años en países de ingresos bajos y medios no puede leer y comprender un texto sencillo.
Igualdad de género (ODS 5)
Aborda la igualdad en el acceso al empleo, liderazgo, recursos y oportunidades, especialmente en sectores tradicionalmente masculinizados.
Al ritmo actual, se necesitarán muchas décadas para cerrar completamente la brecha salarial entre hombres y mujeres a escala global.
Agua limpia y saneamiento (ODS 6)
Se centra en la gestión sostenible del agua, la reducción de la huella hídrica y la protección de cuencas y ecosistemas.
Más de una cuarta parte de la población mundial no tiene acceso seguro al agua potable gestionada de forma adecuada.
Energía asequible y no contaminante (ODS 7)
Impulsa la transición a energías renovables y la eficiencia energética en procesos productivos.
Cerca de 800 millones de personas aún no tienen acceso a electricidad, mientras la demanda de energías renovables crece de forma acelerada.
Trabajo decente y crecimiento económico (ODS 8)
Promueve empleo estable, seguro y con impacto positivo en comunidades locales.
La economía mundial genera suficiente riqueza, pero cientos de millones de trabajadores siguen en empleo informal sin protección social.
Industria, innovación e infraestructura (ODS 9)
Clave para la digitalización de la sostenibilidad, el uso de tecnología para medir impacto y la innovación aplicada a retos ambientales.
La inversión en investigación y desarrollo supera el 2% del PIB mundial, pero está muy concentrada en pocas economías avanzadas.
Reducción de las desigualdades (ODS 10)
Incluye cohesión territorial, desarrollo rural y acceso equitativo a oportunidades económicas.
El 10% más rico de la población mundial acumula una parte muy significativa del ingreso global, ampliando brechas dentro y entre países.
Ciudades y comunidades sostenibles (ODS 11)
Aborda planificación urbana, resiliencia climática y conexión entre ciudad y territorio.
Más de la mitad de la población mundial vive ya en ciudades y se espera que alcance casi un 70% hacia 2050, aumentando la presión sobre vivienda y servicios.
Producción y consumo responsables (ODS 12)
Implica medir impactos a lo largo de la cadena de valor, circularidad y toma de decisiones basada en datos.
La extracción mundial de recursos materiales se ha más que duplicado desde 1990, impulsada por modelos de consumo intensivos.
Acción por el clima (ODS 13)
Uno de los más estratégicos para las empresas: reducción y compensación de emisiones, adaptación y resiliencia climática.
Las emisiones globales de gases de efecto invernadero siguen alcanzando máximos históricos pese al despliegue creciente de soluciones bajas en carbono.
Vida submarina (ODS 14)
Protege océanos y recursos marinos frente a contaminación y sobreexplotación.
Se calcula que varios millones de toneladas de plásticos llegan cada año a los océanos, afectando a ecosistemas y cadenas tróficas marinas.
Vida de ecosistemas terrestres (ODS 15)
Clave para restauración ecológica, biodiversidad, captura de carbono y lucha contra la desertificación.
Alrededor de un millón de especies están en riesgo de extinción, con la pérdida de hábitats como uno de los principales motores de la biodiversidad.
Paz, justicia e instituciones sólidas (ODS 16)
Relaciona gobernanza, transparencia y cumplimiento normativo.
En muchos países, la desconfianza ciudadana hacia las instituciones públicas va en aumento, lo que dificulta la cohesión social y la gobernanza democrática.
Alianzas para lograr los objetivos (ODS 17)
Reconoce que la Agenda 2030 sólo es posible mediante colaboración público-privada y alianzas multiactor.
Los países de renta alta aún están lejos de alcanzar el compromiso de destinar el 0,7% de su ingreso nacional bruto a la cooperación al desarrollo.

Los indicadores oficiales por cada ODS
Cada ODS cuenta con indicadores oficiales definidos por Naciones Unidas, diseñados para medir avances de forma objetiva y comparable. En total, existen más de 230 indicadores globales, adaptados posteriormente a nivel nacional y europeo.
Desglose clave
- Indicadores ambientales: emisiones de CO₂, estado de ecosistemas, uso del suelo, huella hídrica.
- Indicadores sociales: empleo, igualdad, educación, cohesión territorial.
- Indicadores económicos: productividad, innovación, inversión sostenible.
Para las empresas, el reto no es solo conocer estos indicadores, sino traducirlos a KPIs operativos, integrables en sistemas ESG y reporting CSRD.
Objetivos y metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible
Los ODS se despliegan en 169 metas específicas, que definen qué significa “cumplir” cada objetivo. Estas metas permiten:
- Alinear estrategias corporativas con la Agenda 2030.
- Priorizar áreas de impacto real.
- Evitar enfoques superficiales o no medibles.
En sostenibilidad corporativa avanzada, el foco ya no está en “contribuir” de forma genérica, sino en demostrar contribución directa y cuantificable a metas concretas.
¿Cómo se deben medir los Objetivos de Desarrollo Sostenible?
Medir los ODS exige pasar del relato a los datos. Sin medición rigurosa, los ODS se convierten en un ejercicio reputacional sin impacto real.
Metodología, fuentes de datos y herramientas utilizadas para medir y evaluar los ODS
Una medición avanzada de ODS se apoya en tres pilares:
- Metodología
- Alineación con indicadores oficiales ODS.
- Conversión a KPIs ESG y métricas CSRD.
- Enfoque de impacto, no solo de actividad.
- Fuentes de datos
- Datos primarios de proyectos y operaciones.
- Sistemas de monitorización ambiental y social.
- Datos geoespaciales, sensores, imágenes satelitales y modelos científicos.
- Herramientas: plataformas tecnológicas capaces de medir:
- Toneladas de CO₂ absorbidas o evitadas.
- Huella hídrica.
- Biodiversidad y estado de ecosistemas.
- Superficie restaurada
- Indicadores sociales como empleo local y cohesión territorial.
La tecnología es clave: sin sistemas digitales y trazables, los ODS no pueden integrarse de forma creíble en la estrategia empresarial ni en el reporting regulado.

¿Qué se está haciendo en España en relación a los ODS?
España ha integrado los Objetivos de Desarrollo Sostenible en múltiples políticas públicas y marcos estratégicos, consolidándolos como referencia para el diseño y ejecución de estrategias nacionales:
- Estrategia de Desarrollo Sostenible 2030, que orienta las políticas públicas hacia metas transversales alineadas con la Agenda 2030.
- Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), que impulsa la descarbonización del sistema energético y el crecimiento de las renovables.
- Ley de Cambio Climático y Transición Energética, que obliga a la reducción de emisiones y la adaptación climática.
- Adaptación al marco europeo de CSRD y Taxonomía UE, que exige a empresas grandes y cotizadas reportar según criterios ESG y contribución a los ODS.
Progreso medido y retos actuales
Según el Informe de Desarrollo Sostenible 2025, España avanza en 11 de los 17 ODS y mantiene el puesto 14 a nivel mundial en cumplimiento general de los Objetivos, con una puntuación que ha pasado de 80,7 (2024) a 81 (2025), lo que refleja una mejora sostenida aunque aún insuficiente para alcanzar todos los objetivos antes de 2030. La Vanguardia
Fortalezas comparativas:
- Educación de calidad (ODS 4), salud y bienestar (ODS 3) y ciudades sostenibles (ODS 11) muestran resultados sólidos dentro de los indicadores globales.
- Igualdad de género (ODS 5) sigue siendo uno de los pilares donde España obtiene mayor puntuación relativa.
Retos estructurales:
- Producción y consumo responsables (ODS 12) presenta puntuaciones más bajas que la media, posicionando a España en el puesto ~130 mundial en este ODS según análisis comparativos de indicadores globales.
- Acción por el clima (ODS 13) también requiere mayor impulso para acercarse a las metas de 2030.
- Ecosistemas y biodiversidad (ODS 14 y 15) necesitan mayor protección y restauración, especialmente considerando que entre 40 % y 60 % de las especies evaluadas están clasificadas como amenazadas en las últimas décadas.
Solo alrededor del 17 % de las metas globales del Informe de Desarrollo Sostenible 2025 están en vías claras de alcanzarse para 2030, lo que evidencia la necesidad de acelerar la acción.
Financiación y capacidades
Aunque España ha movido importantes marcos regulatorios, sigue existiendo una brecha de inversión significativa, con estimaciones que apuntan a la necesidad de más de 200.000 millones de euros en infraestructuras de agua, energía y medio ambiente para modernizar sistemas y responder a riesgos vinculados al cambio climático y a las metas de sostenibilidad.
Rol del sector privado
En este contexto, el papel de las empresas trasciende la financiación: se espera que actúen como agentes activos de innovación tecnológica, regeneración ambiental y generación de impacto social medible. La integración de métricas robustas, sistemas de medición digital y reporting transparente es cada vez más central, especialmente en áreas como:
- acción climática,
- consumo y producción sostenibles,
- restauración de ecosistemas,
- cohesión social y territorial.

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